ADULTEZ Y ALIMENTACIÓN / Maricarmen Delfín

Tomado de http:/ omen.uanl.mx

A partir de los 65 años, los adultos entran a una nueva etapa: la tercera edad. Los adultos mayores presentan cambios fisiológicos propios del envejecimiento, así que el objetivo es contribuir a su bienestar integral. La longevidad depende de factores genéticos, estilo de vida, factores ambientales y la calidad de la atención médica. El número de condiciones médicas y factores de riesgo aumenta a medida en que avanza la edad.

En esta etapa disminuye la demanda de calorías, por lo que debe adaptarse la alimentación que se tenía en la adultez. Debe ser saludable y variada, adaptándose a las preferencias de la persona tanto como a las enfermedades que presentan, para prevenir el sobrepeso y obesidad por el exceso en el consumo calórico o la malnutrición por una dieta insuficiente. En relación a los nutrimentos, se debe vigilar la ingesta de calcio por el riesgo de osteoporosis; de vitamina D por una menor exposición al sol; de hierro, ácido fólico y vitamina B12 para disminuir el riesgo de anemia.

El apetito disminuye comúnmente en los adultos mayores, lo cual se debe a múltiples factores. Existen cambios en los niveles de hormonas que controlan la saciedad; también los sentidos del olfato y gusto que se ven afectados y disminuidos. Además, la falta de independencia, aislamiento social y depresión también afectan en este sentido. A medida en que disminuye el apetito, hay un menor consumo de alimentos y de nutrimentos, que puede resultar en una reducción de peso que predispone a enfermedades e infecciones, además de una posible malnutrición. Algunas enfermedades crónicas como la diabetes y el cáncer también pueden contribuir a este cambio. De manera contrastante, la obesidad y las enfermedades crónicas como hipertensión o dislipidemia pueden contribuir a disminuir aún más la capacidad física del adulto mayor. El consumo de alimentos también se ve afectado por una disminución en la salivación, por cambios en la dentadura o por una menor capacidad para masticar o deglutir. Así mismo, se limita la facilidad para moverse o transportarse a comprar y preparar sus alimentos.

La malnutrición que puede resultar de este desbalance en la ingesta y gasto de energía puede provocar una disminución de peso, con una pérdida de las reservas de grasa y músculo del cuerpo. Esto ocasiona una mayor pérdida de la fuerza y funcionalidad del adulto mayor, mayor riesgo de caídas, depresión, infecciones, o que se requiera un mayor tiempo de recuperación en caso de enfermedad o heridas, además de mayor incidencia en la admisión y readmisión hospitalaria.

Por tanto, es importante cuidar la alimentación y actividad del adulto mayor, para contribuir a su bienestar físico y mental. En esta etapa por lo general se reduce la actividad física, hay cambios emocionales por el duelo, jubilación, cambios de residencia o situación económica. Por esto, es recomendable fomentar la actividad física y mental mediante la convivencia, el apoyo emocional, integración a cursos o actividades, y práctica supervisada de la actividad física (con previa aprobación del equipo de salud.

Foto: Internet

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